Misterios del tema
Qué habrá sido del doctor Jiménez del Oso? No era éste un personaje de barba y mirada intensa que analizaba los misterios más misteriosos del mundo y nos ponía a todos muy emocionados ante los misterios más misteriosos que uno ni siquiera sabía que eran misterios?
Vamos, queridos lectores, con uno de los muchos misterios que me hacen cavilar desde hace mucho tiempo. El tema del alcohol (o sustancias similares) y sus efectos físicos, químicos y sociales.
Desde tiempos inmemoriables, los humanos nos emborrachamos. Del mismo modo que me gustaría haber conocido a la persona que inventó el pan (cómo es posible que se le ocurriera coger el trigo, molerlo, cocerlo, empaquetarlo, llamarlo “Bimbo”, etc.) también me gustaría haberle dado la mano al que se le ocurrió tostar y moler el café y hacer con él una deliciosa bebida, y sobre todo, a aquellas personas que descubrieron que, con uvas exprimidas, fermentadas, etc... nos emborrachamos.
Qué es emborracharse? Por qué mola tanto? Es por perder el control, por atreverse a cosas que uno no se atrevería a hacer sobrio, por distorsionar la realidad, por sustancias que proporcionan reacciones químicas agradables en el cerebro, cómo es ello?
Si se trata de atreverse a hacer cosas (lo típico de entrar a esa pava que te mola pero que no te atreves cuando estás sobrio), no sería mucho mejor plantearse con calma, sin beber, racionalmente, qué es lo que falla, por qué no me atrevo sin tomarme unas copas, y así ser más valiente y audaz sin necesidad de alterar el equilibrio químico de nuestro cerebro?
No lo sé. Sí sé que hoy es la fiesta de Midsommar, en la que en Escandinavia se celebra el día más largo del año, y todo el mundo se pilla unas cogorzas considerables. Una vez tuve visita de un par de amigotes españoles (Perico y Natalia) durante Midsommar, y se fueron horrorizados de las borracheras y decadencia de la sociedad sueca. Qué decir.
Midsommar es una enorme fiesta, y mola porque se celebra que los días son largos y además es una celebración pagana. Aquí no se celebra que Jesucristo haya nacido, ni que le hayan crucificado, ni que se haya ido al cielo, ni que le llegara un SMS de Dios, ni que se haya cambiado de gayumbos, ni nada de eso.
Por cierto, en una sociedad que se autodefine como laica, ya va siendo hora de cambiar el calendario de fiestas anuales y adaptarlo a nuestras necesidades laborales y de ocio, no a las fechas señaladas, religiosas, arriba mencionadas.
Sea como fuere, mañana todo el país de resacón, y yo tengo otra superfiesta en Copenhague, qué hacer?
Por qué mola tanto emborracharse?
Me temo que, como el doctor Jiménez del Oso, me tocará dejar estos misterios sin resolver.
Vamos, queridos lectores, con uno de los muchos misterios que me hacen cavilar desde hace mucho tiempo. El tema del alcohol (o sustancias similares) y sus efectos físicos, químicos y sociales.
Desde tiempos inmemoriables, los humanos nos emborrachamos. Del mismo modo que me gustaría haber conocido a la persona que inventó el pan (cómo es posible que se le ocurriera coger el trigo, molerlo, cocerlo, empaquetarlo, llamarlo “Bimbo”, etc.) también me gustaría haberle dado la mano al que se le ocurrió tostar y moler el café y hacer con él una deliciosa bebida, y sobre todo, a aquellas personas que descubrieron que, con uvas exprimidas, fermentadas, etc... nos emborrachamos.
Qué es emborracharse? Por qué mola tanto? Es por perder el control, por atreverse a cosas que uno no se atrevería a hacer sobrio, por distorsionar la realidad, por sustancias que proporcionan reacciones químicas agradables en el cerebro, cómo es ello?
Si se trata de atreverse a hacer cosas (lo típico de entrar a esa pava que te mola pero que no te atreves cuando estás sobrio), no sería mucho mejor plantearse con calma, sin beber, racionalmente, qué es lo que falla, por qué no me atrevo sin tomarme unas copas, y así ser más valiente y audaz sin necesidad de alterar el equilibrio químico de nuestro cerebro?
No lo sé. Sí sé que hoy es la fiesta de Midsommar, en la que en Escandinavia se celebra el día más largo del año, y todo el mundo se pilla unas cogorzas considerables. Una vez tuve visita de un par de amigotes españoles (Perico y Natalia) durante Midsommar, y se fueron horrorizados de las borracheras y decadencia de la sociedad sueca. Qué decir.
Midsommar es una enorme fiesta, y mola porque se celebra que los días son largos y además es una celebración pagana. Aquí no se celebra que Jesucristo haya nacido, ni que le hayan crucificado, ni que se haya ido al cielo, ni que le llegara un SMS de Dios, ni que se haya cambiado de gayumbos, ni nada de eso.
Por cierto, en una sociedad que se autodefine como laica, ya va siendo hora de cambiar el calendario de fiestas anuales y adaptarlo a nuestras necesidades laborales y de ocio, no a las fechas señaladas, religiosas, arriba mencionadas.
Sea como fuere, mañana todo el país de resacón, y yo tengo otra superfiesta en Copenhague, qué hacer?
Por qué mola tanto emborracharse?
Me temo que, como el doctor Jiménez del Oso, me tocará dejar estos misterios sin resolver.
Comentarios
Eso si, a dia de hoy la ciencia puede producir tomates inmunes a parasitos. Maiz asexual que no da semillas y sondas que aterrizan por si solas en marte, pero aun no hay un vino por debajo de los 4 euros que no de resaca al dia siguiente. Esto es muestra de lo espartano de nuestro conocimiento, de lo primitivo de nuestras ciencias y de lo lejos que estamos de ser una civilizacion racional.
Según la página de la Embajada de Dinamarca acerca de la mitología nórdica, y recurro al copy and paste, "Todos los días los guerreros de Valhal salían al campo de batalla. Si se les caía un brazo o una pierna, las valquirias lo arreglaban por la noche. Después de la batalla venía el gran festín con mucha comida y bebida. Valhal era una especie de paraíso para los guerreros, algo que les quitaba el miedo a morir. Así se preparaban para la última batalla el día de Ragnerok, "el crepúsculo de los dioses", el día del fin del mundo"
Sólo se me ocurre algo mejor que esto: ser heavy metal. Alcemos nuestros colmillos de morsa repletos de la sangre de nuestros enemigos y entonemos el canto de batalla o en su defecto un punteo de air-guitar con doble mastil