El despegue del género documental

Voy a continuar en la linea de reflexión de mi post anterior y seguiré divagando sobre la noticia y su papel en la realidad que percibimos. Mi tesis en el post anterior es que las noticias se han convertido en un bien de consumo. Aun no he aclarado muy bien el origen de esta idea y sus consecuencias, aunque en mi post anterior se hacen entrever algunos de los argumentos. A medida que yo mismo me vaya aclarando sobre el tema iré publicando posts con los argumentos. Ahora tan solo quiero anotar algunas ideas sobre la relación entre la decrepitud de la noticia y la renovada energia que se observa en otras formas de difusión de información. Principalmente en el género del cine documental.

Michael Moore ha hecho algo más que criticar con virulencia a la administración de Bush y sus asociados. En el proceso de cumplir su objetivo como activista político, también ha contribuido a sedimentar una idea que llevaba ya varios años flotando en el genero del cine documental. Existe un sentimiento creciente, de que los medios de información no están cumpliendo con su labor de informar. Y el cine documental está creciendo a pasos de gigante, alimentado por la desaparición en los medios informativos de los principios más básicos del periodismo: la investigación, el análisis, la transparencia y la diversidad de opinión.

Cada vez son más los festivales de documentales. Proliferan como setas, incluso en lugares donde el panorama cultural, sería de otra forma completamente árido. Estos festivales suelen ser eventos en los que gafapastas, culturetas y fashionistas de toda índole, merodean en busca de lo alternativo. Pero existe una demanda creciente, fuera de este perfil demográfico, por información más contrastada y diversa. Y el género documental es la única alternativa real para acoger a los refugiados del sistema mediatico. No solo entre aquellos que demandan un acceso a la información, si no también entre aquellos que hacen de su vida el proporcionar acceso a esa información.

Mi amigo Jean Luca es un periodista italiano. Después de terminar sus estudios, comenzó a trabajar para una productora de informativos donde permaneció durante un año, tiempo en el que cada encargo era un nuevo desencanto profesional. Harto del demencial ritmo de trabajo, de la ausencia de ética y de la irrelevancia que esto daba a su existencia, decidió dejarlo. Durante varios años ha estado viajando, colaborando en la producción de documentales e iniciando sus propios proyectos y vé esta forma de vida, como la única forma de ejercitar un periodismo de integridad. Jean Luca no es el único que lo ve de esta manera. El cine documental está ahora al alcance de más gente, los medios de producción y la tecnología, son más accesibles. Este género ya no es el reducto limitado a la élite crítica que acostumbraba a ser.

El año pasado acudí a Docúpolis, el festival de documentales del CCCB de Barcelona, bastión del gafapastismo donde los haya. No tenía planeado ir, ni tenía un interés particular por los asuntos que allí se trataban, pero fue allí donde me llevó el viento. Me sorprendió lo concurrido de la sala y la variada selección. Allí conocí a varias personas que estaban de forma directa o indirecta relacionadas con algunos de los documentales, desde antropólogos hasta técnicos de producción. Yo, que no sé nada de este mundo, me dediqué a escuchar. Una mujer mexicana estudiante de comunicaciones, cuyo nombre no recuerdo, comentó algo en lo que nunca antes había pensado. Dijo que las noticias, tal y como eran tratadas por los medios a día de hoy, eran en realidad esquemas de conflicto cultural. Que al extraer el suceso de su contexto y mostrarlo como noticia, se crean percepciones, en el consumidor de noticias, muy pobres y alienantes. Ella sostenía que las noticias, más que contribuir al entendimiento entre los pueblos y a la mejora de nuestra relación con el mundo, estaban en realidad empeorando esta relación significativamente, contribuyendo a generar percepciones distorsionadas y a reforzar estereotipos. Así pues, cuando el espectador vé noticia tras noticia de muertes violentas en Irak, o de niños hambrientos en Sudán tiende a crear una imagen de esa región del mundo basada en un conocimiento necesariamente esquemático proporcionado por la maquinaria de los medios de información.

Es cierto que hay mucha más información disponible para aquellos que tengan la disposición de averiguar más, es cierto que se puede ir más lejos y formar una imagen más de acuerdo con la realidad de cualquier suceso investigando y contrastando información. Pero también es cierto que es imposible hacer esto con todos los sucesos y que muy muy poca gente lo hace con alguno. La inmensa mayoría de la información que la gente recibe sobre el mundo que nos rodea es a través de los medios de información. Así pues la desinformación es una consecuencia natural del propio medio que intenta combatirla.

Otra de las cosas que esta mujer comentaba, es que el género documental ofrece una perspectiva diferente, en el que lo importante es la visión subjetiva del autor, la atempòralidad (o quizás mejor dicho, la falta de prisa e inmediatez que se ve en los medios) y la profundidad en la investigación. La visión resultante es más humana y ofrece retratos mas esperanzadores, a veces y más desesperanzadores, otras veces; que la visión ofrecida por la noticia. Después de ver tres o cuatro documentales sobre la actualidad de Guatemala, enfocados desde intereses diferentes, uno recibe una impresión más rica y más humana, de la actualidad de este país de la que jamás se podría haber formado a través de informativos.

El documental, por decirlo de alguna manera, sirve de antídoto a la toxicidad cultural de la noticia. Y en un mundo en el que la noticias cada vez son más huecas, en el que la visión que producen cada vez es más tóxica; es natural que aquellos que aun tienen sed de información se vuelquen en el género documental como nunca antes.

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