A vueltas con Turquía
En un post anterior comentaba yo que no voy a discutir más sobre la absurda cuestión de si Turquía es un país europeo o asiático.
La cuestión que sí me apetece poner sobre el tapete es: qué hacer con Turquía y su candidatura a la Unión Europea?
Vaya por delante mi enorme escepticismo por el concepto de "Unión Europea" y sobre todo sus políticas sociales, medioambientales y sobre todo exteriores. No voy a entrar en su proteccionismo, racismo y cobarde política exterior.
Centrémonos en la cuestión turca. Los jefes de Estado y los políticos que se atreven a manifestar su rechazo al ingreso de Turquía en la Unión son habitualmente tachados de racistas, de populistas y de antimusulmanes. Es lo que tiene simplificar las cosas, una vez más.
Europa lleva mucho tiempo dando largas a Turquía, dando promesas difusas y ofreciendo ventajas y acercamientos poco concretos a cambio de reformas económicas y políticas, sobre todo en temas de derechos humanos y de respeto a las minorías.
Esto suena muy bonito y muy políticamente correcto. Pero no hace falta retrotraerse al genocidio armenio de 1915 (el cual por cierto, el parlamento sueco -en una bochornosa y cobarde medida- se niega a denunciar): Hoy día, en 2008, Turquía masacra a sus minorías. Esto pasa hoy día. Hoy. Ahora.
No me sirve la argumentación de que traer a Turquía a la Unión Europea servirá para controlarles y apaciguar su furia contra las minorías. Porque, a continuación, qué hacemos con otros países de la zona (a fe mía que los hay) donde se cometen injusticias, genocidios y donde el respeto por los derechos humanos es inexistente? Les ofrecemos también integrarse en la Unión Europea? Hacemos lo mismo con Argelia? Por qué no con Sudán?
Mi alternativa es la siguiente: Que la Unión Europea diga claramente a Turquía: NO al ingreso, porque se trata de un país mayoritariamente asiático. Y que se retire el tratado preferencial del que disfrutan con la Unión hasta que no hagan los deberes en materia legislativa, política y social.
Clarifiquemos de una vez por todas la posición de la UE con Turquía. No al ingreso, sí a mantener el tratado preferencial siempre y cuando cumplan esos requisitos mínimos.
Y si la UE pretende tener un mínimo de credibilidad, también debería de afrontar otras cuestiones candentes en materia de medio ambiente, proteccionismo agrícola, inmigración y sobre todo política exterior. Especialmente con el Medio Oriente. Pero esto lo dejaremos para otro día.
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